lunes, 15 de marzo de 2010

¡Que hablen las calles!

Con la misma suavidad con la que un maestro da a su alumno de seis años las explicaciones y motivos pertinentes por los que no puede pintar su pupitre, podría verter un vaso de agua encima de un ordenador. Ninguna de las dos acciones supondría una actividad agresiva, pero la segunda acarrearía un impacto en el sentido común de cualquier persona (que quiera conservar utilizable su ordenador). Ese impacto que nos alerta de que lo que se está haciendo no tiene lógica.
Como es lógico, pues, si observamos al maestro de una clase de 1º de primaria tirando un vaso de agua por encima de nuestro ordenador, lo consideraríamos, en el mismo momento en el que lo vemos, como una acción agresiva hacia nuestra integridad, cuando únicamente está tirando agua por encima de algo.
Pues bien, del mismo modo que resultaría innecesaria la explicación del enfado del dueño del ordenador mojado, debería resultar también la explicación del enfado de cualquier persona adulta observando al mismo maestro cortar el desarrollo más importante en el cerebro de una “cría” de su misma especie, la creatividad.

La pregunta es, entonces: ¿si en nuestra realidad perceptiva realizamos rápidamente la conexión entre aparato electrónico y mojado como roto (sin la necesidad de tener ningún tipo de conocimiento de electrónica), por qué supone tanta dificultad en nuestro esquema de razonamiento apreciar las acciones cotidianas que realmente son negativas para el aprendizaje y desarrollo de un niño?



Vamos a otro ámbito de la mutilación creativa asimilada por la deshumanizada personalidad de la urbe. Hay una respuesta (asombrosa y peligrosamente) generalizada en el aspecto de las pintadas callejeras, un lógico y cómodamente razonable desprecio. Una vez integrado el grafiti dentro del juego mediático y mercantil, se han quedado atrás la gran mayoría de los prejuicios que sufría este arte urbano, pero se sigue sin comprender la verdadera necesidad del origen de esta muestra de creatividad en las ciudades.

Seguramente, estas personas, sumidas ya en una total impersonalidad y falta de identidad, se levanten una mañana para acudir a su respetable empleo, y de camino a su coche, aparcado frente a su casa, sientan la pintada que ha aparecido esa noche en el muro contiguo a su portal como la primera agresión del día. Despotricarán acusando a sus autores de gamberros y destructores.
Sin embargo, no serán conscienten del contínuo de agresiones que han sufrido desde que su radio-despertador se encendió a las seis de la mañana bombardeando con propaganda, pasando por el periódico, la televisión... y sin dejarse los miles de carteles meticulosamente estudiados para un efecto rápido, directo y agresivo que encontrarán de camino a su alineante trabajo.
Y si no es consciente ella de sí misma... ¿de qué manera esperamos que una persona sea consciente de la agresión contínua que sufre su hijx en el terrorífico decorado en el que se han convertido los núcleos de población humana?

Lo más probable es que estas personas nunca se hayan planteado que sus hijxs viven en un medio hostil para su especie. Nunca se habrán planteado que solo la televisión ya deposita más mensajes de conducta en un par de horas que ellxs en tres días de castigo (¡castigadxs además sin ver la tele!). La mayoría de ellxs, no se habrán planteado si quiera la anulación identitaria e imaginativa que viven en sus escuelas. Duermen más tranquilos sin ver que sus hijxs no están siendo educadxs por ellxs, sino por la introducción en el mundo competitivo que ofrece el sistema educativo en los colegios, donde moldean (con la suavidad con la que se vierte un vaso de agua sobre un ordenador) piezas que puedan encajar en un mundo en el que no cabe ni la creatividad, ni la duda, ni la reflexión, ni la crítica, ni la imaginación... donde no cabe la espontaneidad de un niñx, por lo tanto, donde no cabe la humanidad.

¿Y qué pretenden entonces que haga una juventud criada en un ambiente hostil? ¿Que agache la cabeza y acate sumisamente el estado de las cosas... respetando el derecho indiscutible de la propiedad? Por desgracia, la mayor parte de esta juventud acabará por acatar sumisamente lo que mantiene la organización del mundo que conocemos, pero que no pretendan que por el camino no haya siempre una masa abrumadora de jóvenes que descargue parte de tanta hostilidad alojada en su cabeza.
Siempre habrá algún animal más difícil de domesticar en cada camada. Y antes de que los hayan domesticado a todos, antes de que estén anulados totalmente como especie, pintarán de color sus grises calles, surgirán subculturas, se ensuciarán sus asfaltados parques y serán destrozados sus inservibles instrumentos de urbanismo cívico.




Aprovecho para poner un artículo publicado en Diagonal Cantabria firmado a nombre de Pirrakas, escrito en mención a la dureza de las ordenanzas municipales en Santander. De hecho, según el boletín diario de propaganda caciquil santanderina(Diario Montañés) y de más repercusión mediática por toda la ciudad, convencen de su buena acción diciendo que han gastado en limpiar las paredes de pintadas tanto como “la cifra que equivale al coste de construcción de una vivienda de protección oficial, la concesión de 170 becas de guardería, la ampliación de las obras para la eliminación de barreras arquitectónicas, sustituir "varios kilómetros" de luminarias por otras más eficientes, o mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, entre otras cosas.“

QUE HABLEN LAS CALLES (Y CUENTEN LO QUE HAY)

Están poniendo la base. Sencilla, uniforme. Así encajará cualquier rima que metamos. Una declaración a spray: “Luci, te quiero”. O mayor mordacidad: “Se alquila pobre para tranquilizar conciencias”, con un número de teléfono ‘adjunto’. Firmas, muchas firmas, de colores y tamaños variados. Murales que cualquiera aprecia. Sea como fuere todos sucumben a ‘las pintadas ni en pintura’. Sí sobran las ganas pero faltan las ideas, la experiencia o la técnica. Prueba con plantillas. Fácil y rápido. Buena definición del acabado. A la orden de “graffiti” o “plantillas” tu buscador encontrará un montón de recortables. Listos para imprimir y estampar por el barrio. Con colores o sin ellos. Con mensajes o sin ellos. Con mayor o menor criterio. Tal como somos (esa es la leche que mamamos) seguirán hablando las calles y contando lo que pasa.

domingo, 14 de marzo de 2010

Muere lentamente (¿Anónimo?)

Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos, quien no cambia de marca, no arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.

Muere lentamente quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre blanco y los puntos sobre las "íes" a un remolino de emociones, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, corazones a los tropiezos y sentimientos.

Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.

Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en sí mismo.

Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar.

Muere lentamente, quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante.

Muere lentamente, quien abandona un proyecto antes de iniciarlo, no preguntando de un asunto que desconoce o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.

Evitemos la muerte en suaves cuotas, recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor que el simple hecho de respirar.

Solamente la ardiente paciencia hará que conquistemos una espléndida felicidad.